Hotel Colonial Laboulaye

Nunca es fácil llegar al final de una nueva travesía que ya deja de ser nueva para convertirse en parte de la familia de recuerdos viajeros. Tras un mes en tierras de Córdoba y San Luis, entre sierras, arroyos, ríos, y pueblos, era la hora de emprender el regreso a Buenos Aires, de desandar el camino de las sierras al mar, de la naturaleza más agreste del país hacia el monstruo urbano. Pero en el medio nos esperaban kilómetros y kilómetros de campo, de la típica postal de la llanura pampeana y por eso, al ir con nuestro pequeño hijo, era necesario un alto en el camino para recargar las energías. Elegimos entonces Laboulaye, en Córdoba, por dos motivos: primero porque era un punto intermedio perfecto para avanzar lo suficiente ese día y esperar un igual recorrido al día siguiente. Y segundo porque encontramos en el Hotel Colonial a unas personas que compartían la misma visión de los viajes y de la familia y que nos recibieron con los brazos abiertos.

El Hotel Colonial Laboulaye se encuentra en el kilómetro 487 de la Ruta Nacional 7, la ruta que nos lleva de Córdoba a Buenos Aires (aunque ahora un fragmento inundado nos obliga a desviarnos por la 8 un tramo, justo a escasos kilómetros después del hotel). Como bien dice su nombre, es un hotel de arquitectura colonial pero con un cuidado en su interior hasta el último detalle. La dueña, apasionada por el arte mundial, ha colocado estratégicamente varias obras de arte de distintas partes del mundo (destaca el arte africano) en el lobby del hotel.

Las habitaciones son verdaderamente amplias y modernas, muy cómodas y silenciosas, y tranquilamente pueden hacerle competencia a cualquier hotel de 4 ó 5 estrellas. Además cuenta con un restaurante abierto de lunes a sábado, estacionamiento privado, wifi, sala de reuniones para 300 personas, y un parque arbolado de 2 hectáreas en la parte trasera del hotel.

Pero lo que más nos llevamos de este bonito hotel al borde de la ruta (no se asusten porque no se escucha absolutamente ningún ruido de la ruta desde el interior) es el trato de sus empleados quienes nos recibieron con una enorme sonrisa y con una gran predisposición para hacernos sentir lo más cómodos posibles desde el momento en que llegamos hasta el momento en que nos fuimos.

Uno siempre agradece encontrar en el camino gente que se sorprende con lo que hacemos y que quiere ser parte, gente que comparte las mismas pasiones y los mismos valores. Por lo que si regresamos por la Ruta 7 estaremos más que seguros de volver al Hotel Colonial. Les dejo algunas fotos del hotel, de su hermoso jardín, y de sus cuidados interiores (sala de juegos para niños incluída en donde Valentino pasó largas horas sin querer irse). Aquí el link a la web del hotel: HOTEL COLONIAL LABOULAYE. 

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Written by Pie & Pata
Feliz es quien disfruta viajar en familia.