Estancia El Ombú: un clásico argentino

Buenos Aires tiene la 9 de Julio, San Telmo y la Boca, el barrio de Palermo y Puerto Madero. Buenos Aires tiene 100 barrios (aunque en realidad sean sólo 48, la expresión ya es un clásico de nuestra jerga) y millones de almas. Pero más allá del ritmo frenético de la ciudad porteña hay un clásico más que nos pinta de arriba a abajo, que nos permite darnos el lujo de decir que nosotros, los de Buenos Aires, tenemos al menos un gen de campo: la Estancia.

Este artículo va más para aquéllos que no sean argentinos ya que les contaré un poco acerca de nuestra cultura popular. Pero todos son bienvenidos a descubrir nuestra visita a la hermosa Estancia El Ombú de Areco, en uno de esos pueblitos de la Provincia de Buenos Aires en donde los pasos van lentos, y los tiempos son otros.

Esta es la estancia argentina. ¿Empezamos?

¿QUÉ ES UNA ESTANCIA?

 

Según la definición formal, una estancia es “un gran establecimiento rural del Cono Sur, especialmente al destinado a la cría extensiva de hacienda vacuna u ovina y que suele caracterizarse por la existencia de, al menos, un «casco», es decir, de un centro edilicio que incluye viviendas, silos, establos, caballerizas o haras, bodegas y otras construcciones afines”.

Pero no vamos a quedarnos en esa aburrida descripción de lo que bien podría ser uno de los mayores símbolos de la Argentina. La Estancia es el ayer y el hoy, cuenta la historia de nuestro país, la esencia de nuestra cultura. Inmigrantes y criollos por igual pisaron sus pastos, y domaron sus caballos.

Abrir la tranquera de una estancia es entrar en otro tiempo, de calendario y de ritmo. Porque nos lleva a un pasado aristocrático de grandes tierras. Nos lleva a un fogón y un mate caliente, un pan recién horneado, una tarde sin apuro, con el cantar de los pájaros y el andar de los equinos.

La estancia es ir sin prisa sobre el lomo de un caballo, disfrutando de estar, de ser, sin más nada que hacer. La estancia representa todo lo que la ciudad no es: la calma, el silencio, la naturaleza, y ese horizonte lejano manchado por un sol rojo.

 

ESTANCIA EL OMBÚ DE ARECO: UN POCO DE HISTORIA

Estancia El Ombú

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La estancia que elegimos para vivir la experiencia de campo en Buenos Aires es una de las más reconocidas en el país: Estancia El Ombú de Areco, a tan sólo 120 kilómetros de la ciudad.

En la segunda mitad del siglo XIX, el teniente General Pablo Riccheri recibió las tierras en donde hoy se encuentra la Estancia por su importante desempeño militar, y en 1880 construyó un magnífico casco de reminiscencias italianas que hoy es el centro neurálgico de la Estancia El Ombú.

Estancia El Ombú

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La Estancia, luego en manos de la familia inglesa Dowdall, fue adquirida en 1934 por Enrique Boelcke, abuelo de Cristina y Eva, y bisabuelo de Diego y Juan Pablo, los actuales propietarios. La familia decidió en 1993 abrir las tranqueras de la Estancia al turismo, transformándolo así en uno de los pocos establecimientos en el país con más de 25 años de trayectoria recibiendo visitantes de Argentina y el mundo.

Pero es ese lugar maravilloso, el casco que construyó Riccheri, el que nos permite ese viaje en el tiempo, con sus techos altos de madera, sus pisos impolutos a pesar del paso del tiempo, las plantas que abrazan sus columnas hablando de la historia del último siglo en esta hermosa edificación.

Estancia El Ombú

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Y allí nos sentamos, en su terraza exterior, admirando el paisaje pampeano, oliendo el aire fresco de campo, de tierra y barro, de pasto y flor, para disfrutar de otro símbolo argentino: el asado.

 

EL ASADO ARGENTINO: MUCHO MÁS QUE CARNE EN LA PARRILLA

Una de las primeras cosas que un visitante quiere probar durante su visita en la Argentina es el famoso asado, esa deliciosa combinación de carnes cocinadas sobre una caliente parrilla, con aroma a carbón, o a madera. Sí, el asado argentino es delicioso -o no, dependiendo del asador-, pero es mucho más que eso. El asado es parte de nuestra cultura.

 

Estancia El Ombú

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Si hay algo que nos caracteriza a los argentinos son nuestros fuertes vínculos de amistad. Podremos ser agrandados, cancheros, engreídos… sí, podremos ser muchas cosas que dicen que somos aunque no todos lo seamos. Pero si hay algo que sí somos es grandes amigos. El argentino te abraza, te besa, te ama. El argentino no guarda sus sentimientos y por eso sus amigos son lo primero. El argentino te recibe como un amigo aunque aún no lo seas, y te despide con un beso aunque no te guste.

El lazo de amistad en la Argentina no se rompe y las uniones son para toda la vida. Los amigos se convierten en confidentes, en hermanos. Y es el asado uno de los mayores símbolos de amistad. El asado no es tirar carne a la parrilla. Es todo un evento. Es juntarse antes, copa de vino mediante, alguna picada o empanada de carne, charlar de la vida mientras de fondo se escuchan las brasas arder, y el aroma del fuego comienza a llenar el aire. El asado es excusa para la juntada.

En la Estancia El Ombú el asado no podía faltar, lógicamente. Y esa previa tampoco, esas empanadas fritas con la copa de vino, sentados en el living exterior, disfrutando de las vistas del campo, degustando el ahora, y saboreando lo que vendrá.

Estancia El Ombú

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Hemos ido a varias estancias y sinceramente el asado de El Ombú fue uno de los mejores. No sólo por la calidad sino porque durante el almuerzo no había shows que te hacían sentir como un turista, sino que se respetaba el momento sagrado de ese gran evento que es el de compartir el asado en pareja, en familia, o entre amigos.

Estancia El Ombú

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Luego sí vendrían la música, y el baile, y uno de los momentos más hermosos de la jornada que nos hizo emocionar: la maravillosa doma india, una tradición ancestral de doma de caballo sin uso de violencia. Un baile entre una bestia y un gaucho que se fusionaban en uno, al compás de unos suaves acordes de guitarra, cara a cara, pata a mano, del aire al suelo, y del suelo al aire.

Estancia El Ombú

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Pero voy a dejar que un hermoso poema de José Hernández lo explique mejor que yo.

 

LA DOMA INDIA

Estancia El Ombú

Pa quitarle las cosquillas
Con cuidao lo manosea;
Horas enteras emplea,
Y, por fin, sólo lo deja
Cuando agacha las orejas
Y ya el potro ni cocea.

Estancia El Ombú

Jamás le sacude un golpe,
Porque lo trata al bagual
Con paciencia sin igual
-Al domarlo no le pega-,
Hasta que al fin se le entrega
Ya dócil el animal.

Estancia El Ombú

Y aunque yo sobre los bastos
Me sé sacudir el polvo,
A esa costumbre me amoldo:
Con pacencia lo manejan
Y al día siguiente lo dejan
Rienda arriba junto al toldo.

Ansí todo el que procure
Tener un pingo modelo,
Lo ha de cuidar con desvelo
Y debe impedir también
El que de golpes le den
O tironeen en el suelo.

Y así ese gaucho se iba andando, sobre el lomo de su bestia domada, como quien lo hace desde el nacimiento.

Estancia El Ombú

Así esperaría a los visitantes para llevarlos en un paseo, a lomo o a carreta, para luego, un poco antes del atardecer, cebar unos mates en el establo. Unos mates… esa otra maravillosa vértebra de la columna argentina.

 

EL MATE: ESA DULCE AMARGA COSTUMBRE

Estancia El Ombú

Con el permiso de Lalo Mir, un gran periodista argentino, le tomo prestado este poema dedicado a esta infusión porque nadie podría haberlo descrito de una mejor manera. Para los que no saben qué es el mate, aquí va, y para los que ya saben y lo aman como yo, disfruten de estas hermosas palabras:

Título de caja
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo. Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es ‘hola’ y la segunda: ‘¿unos mates?’. Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos. Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón. Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ‘¿Dulce o amargo?’. El otro responde: ‘Como tomes vos’. Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie. Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores… Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!’. Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ‘¿está caliente, no?’. Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obligación de decir ‘gracias’, al menos una vez al día.

Mientras el sol desaparece detrás de la tranquera, mientras las últimas luces del día se tiñen de rojo, el gran ombú, el que le da nombre a la estancia, nos sirve de trasfondo para simplemente estar, ahí, en el momento, en al ahora, mirando sin pensar, sin tiempos, sin apuro, sin nada que hacer más que saber que uno existe. Lo que hace el campo en alguien de la ciudad…

Estancia El Ombú

 

¿CÓMO LLEGAR A LA ESTANCIA EL OMBÚ DE ARECO?

Para darte la información más precisa, te dejamos la información de su web www.estanciaelombu.com:

En Auto: Tomar Panamericana acceso Norte, ramal Pilar. Cuando se convierte en Ruta Nacional 8, seguir por la misma hasta la rotonda en el km 110. En la rotonda; doblar hacia la derecha en la primer salida tomando por solo 5 km. la Ruta Provincial 41 (asfaltada) en dirección a Baradero, hasta el cruce con Ruta provincial 31 (Primer kilómetro asfaltado, luego 5 km. de tierra). En este cruce de rutas, se encuentra sobre la mano derecha el Aeroclub de San Antonio de Areco. Doblar nuevamente a la derecha por la ruta 31, y hacer 6 km. por este camino hasta la entrada a la Estancia, de mano derecha. En caso de lluvias, puede que la ruta 31 quede inaccesible para ingresar con autos, por lo que nuestro punto de encuentro será en el Aeroclub de San Antonio de Areco (en el cruce de las rutas 41 y 31). Puede verificar el estado del camino llamando a la Estancia al 02326-492080 ó 02326- 15-404729 ó a nuestra oficina de reservas de Lunes a Viernes de 9 a 13 hs. al 4737- 0436. Los autos quedan estacionados en el Aeroclub de San Antonio de Areco con vigilancia. Coordenadas Estancia para GPS: 34°11´37´´ SUR 59°23´32´´ OESTE Coordenadas Aeroclub para GPS (días de lluvia): 34°13´18´´ SUR 59°26´43´´ OESTE
En Micro: Desde la estación de ómnibus de Retiro en Capital Federal salen varios servicios diarios con destino a San Antonio de Areco. Una vez que llegan a Areco, deben tomar un taxi desde la terminal de micros hasta la Estancia (12 km. de distancia, 15 minutos de viaje). Las empresas que llegan hasta San Antonio de Areco son Chevallier y San Juan. Puede comprar sus pasajes en las boleterías de Retiro o en forma online ingresando a www.nuevachevallier.com.ar Recomendamos nos informen siempre el horario de llegada a San Antonio de Areco de vuestro micro; podemos coordinar un taxi para que los este esperando en la terminal; muchas veces se producen demoras por falta de taxis. Traslados en privado (Servicio tercerizado) Si usted desea que lo vayamos a buscar, o bien que lo llevemos de regreso a algún punto determinado, podemos coordinar su traslado. El viaje en auto, minivan o combi es en privado; por lo que no se comparte con otros pasajeros y le permite elegir los horarios que prefieran. Pueden incluir también una visita a San Antonio de Areco. Estancia El Ombú de Areco no brinda servicios de traslados y actúa solamente como intermediario de los mismos. Algunas opciones son: * Buenos Aires – Estancia – Buenos Aires (para visitas por Día de campo) * Aeropuerto Internacional Ezeiza – Estancia El Ombú de Areco (o la inversa) * Aeropuerto Jorge Newbery – Estancia El Ombú de Areco (o la inversa) * Centro de Buenos Aires – Estancia El Ombú de Areco (o la inversa) * Puerto Ciudad de Buenos Aires – Estancia El Ombú de Areco (o la inversa)

Te dejamos también imágenes de sus hermosas habitaciones y servicios. La Estancia ofrece una maravillosa experiencia hotelera con habitaciones de primer nivel, súper amplias y completas, dos piscinas habilitadas desde mediados de octubre, y un servicio gastronómico que incluye recepción, almuerzo, cena, y desayuno.

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Si querés vivir una verdadera experiencia de la Estancia argentina, no dejes de visitar Estancia el Ombú. Recordá que conocer una cultura requiere ir más allá de las grandes urbes. Y para conocer la cultura argentina y sus raíces, nada mejor que descubrir una estancia.

 


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Written by Pie & Pata
Feliz es quien disfruta viajar en familia.