El verdadero origen del Festival de los Patios de Córdoba

Hoy conocí a Cristina, una mujer muy agradable, que al enterarse de mi pasión por los cuentos, me leyó el siguiente: “El verdadero origen del Festival de los Patios de Córdoba”.

Callejeando por Córdoba descubro puertas abiertas que dan entrada a grandes y frondozos patios. Una tras otra se suceden a lo largo de una misma calle. Entro y disfruto de esas macetas colgando de las paredes con sus flores de colores y sus hojas saturadas de verde. Macetas, latas recicladas, vasos. Todo sirve para llenar la cal blanca de vida.
Había leído mucho acerca de los patios cordobeses y de su explosión en el mes de mayo, cuando todas las casas abren sus puertas para invitar al viajero a sus edenes personales. Pero todo lo que había leído era acerca de la belleza de esa “exposición de flores”, de la “mejor ruta” que debía tomar “para ver todos los patios de Córdoba en un día”. Poco sabía del real origen de esta celebración, que nada tiene que ver con una exposición de arreglos florales.La construcción de los patios está directamente ligada a las costumbres musulmanas de grandes patios centrales que brindaban un espacio fresco de sombra en donde pasar el crudo verano. Pero no me voy a detener en la arquitectura del patio en sí sino en lo que comenzó a significar para todos los inmigrantes que llegaban a Córdoba alejándose de la crudeza de la vida en el campo andaluz del siglo XIX. Recién llegados, estos inmigrantes de su propia tierra arribaron a estas inmensas casas comunitarias que compartían quizás con otras 20 familias. Cada una de ellas tenía su habitación, que tal vez no era más grande que 10 metros cuadrados, en donde sólo había espacio para las camas de una familia bastante más numerosa que la que se conoce ahora como “familia tipo”. Conectando todas esas viviendas estaba el patio. Él era el centro neurálgico de la vida comunitaria. Allí las mujeres se sentaban a coser, o a lavar la ropa. Las más jóvenes se preparaban con sus hermosos vestidos para salir. Los niños corrían de un lado a otro. El patio cordobés era un miembro más de la familia, y tal vez el más importante. Era el que traía la sensación de comunidad, de amistad, de “yo estoy en la misma situación que vos y por lo tanto te entiendo y te ayudo”. Los inmigrantes ya no se sentían solos. Tenían a su familia y amigos, y estaban rodeados de verde y de flores, y de grandes paredes blancas que brillaban durante todo el año. Tenían al patio. Esos grandes latifundios de donde provenían de inmensas extensiones de tierra eran una cueva al lado de las nuevas oportunidades que estos patios les brindaban. Lógicamente no todo era color de rosas ya que no había ningún tipo de intimidad y vivían en habitaciones muy pequeñas. Pero la gente de esa época no vivía con los mismos prejuicios con los que se vive ahora y sabían disfrutar de otras cosas.Por eso cuando se acababa el mal tiempo y comenzaba la primavera, agarraban el tacho de cal y le daban una mano a la pared de la casa a la que colmaban con flores y plantas (cómo iban a poner las plantas en el piso si apenas había sitio para ellos? Sí, de ahí el origen de las latas y macetas en las paredes). La advenida de la primavera marcaba el inicio de una festividad: la de la vida misma. La gente iba y venía por las calles, entraba en los patios a bailar y a celebrar el comienzo de los días bellos. Detrás habían quedado los días fríos y grises y todo lo que quedaba por delante eran cielos celestes y sol, mucho sol. La celebración tenía algo de reminisencia de sus propias vidas por así decirlo; del esfuerzo que tuvieron que hacer para emigrar de sus tierras hacia un sitio desconocido que los recibió con las puertas de los patios abiertas. Y esa sensación de comunidad que se daba en los patios y que permitía que la gente viviera mejor por el simple hecho de no estar sola, fue lo que se declaró Patrimonio de la Humanidad.Y hoy recorro las calles de Córdoba pensando en el mes de mayo y en lo bello que debe ser. Aunque luego me acuerdo de la frase “Morir de éxito”, una frase muy ligada a la masividad de las celebraciones locales a causa del turismo, y entiendo a las generaciones de principios del siglo XX y su nostalgia. Es cierto que los visitantes de otros sitios actúan como los mejores promotores de las tradiciones locales, pero a la vez las transforman y en muchas ocasiones logran convertirla en una celebración sin origen.

Por eso digo que hay que recordar de dónde viene el ahora llamado “Festival de los Patios”. No es una exposición de flores. Aunque para la mayoría de la gente es eso, una simple exposición de flores. Antes del boom turístico, la gente que visitaba los patios era la gente local que iba a otro ritmo, paseando, tranquila, tomando algo. No era un maratón. Ahora la fiesta de los patios es un maratón, y los visitantes hacen colas para poder ingresar a los patios que tienen marcados con una cruz en un mapa. Es difícil que no pierda su autenticidad cuando el turismo se hace masivo. Pasa en todo tipo de fiestas. Pero esto es más peligroso porque se trata de espacios pequeños.

Todavía hay gente de la generación anterior que tiene el recuerdo de esa vida, y si no lo han vivido ellos al menos lo han vivido sus padres o sus abuelos. Está el recuerdo. Pero la generación más joven no lo tiene.

Si te interesa saber más acerca de los orígenes de los patios no dejes de ver a continuación esta entrevista que me cedió Cristina Bendala, arquitecta y especialista en patios cordobeses, y propietaria de uno de estos bellos patios.

Ciudad: Córdoba, España.
Distancia desde Madrid: 394 kms por la A4 (sin peaje).
Locación del patio/hospedaje de Cristina Bendala: Plaza de las Tazas, 11

.

TE GUSTÓ? COMPARTILO EN PINTEREST!


Join us now

Get our online magazine with 26 full color pages for free!

Written by Pie & Pata
Feliz es quien disfruta viajar en familia.