Cinco parajes naturales en España para desconectar

España es un país tan diverso en sus culturas y sus paisajes, que no parece justo que el viajero considere que visitando Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia ya haya resuelto su estadía allí. Es cierto que esas ciudades son maravillosas tanto en su historia como en su arquitectura y gastronomía, pero hay más por conocer, mucho más. En nuestro viaje de tres meses por el país ibérico, descubrimos pueblos muy atractivos, pero lo que más nos sorprendió fue la riqueza natural del país, y es por eso que queremos compartir cinco de esos parajes que nos dejaron con la boca abierta y con el alma llena, ideales para desconectar y disfrutar (hay infinidad más, pero tuvimos que elegir entre los visitados, así que nos disculpamos de antemano si tu preferido no está en la lista).

1. BARDENAS REALES. NAVARRA


Tras pasar toda una jornada en este sorprendente Parque Natural de colores ocres y anaranjados, no podíamos entender cómo no era un lugar conocido ni siquiera para los mismos españoles. En la provincia de Navarra, a un poco más de 300 kilómetros al norte de Madrid, se extiende este paisaje semidesértico de 42.500 hectáreas declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Sus suelos de arcillas, yesos y areniscas, erosionados por el accionar de la lluvia y el viento, han creado, y siguen creando, formas fantásticas que parecen salidas más bien de un desierto de Utah o Arizona que de una provincia española.

El Parque puede ser perfectamente visitado en coche (o en autocaravana en nuestro caso) ya que sus rutas te llevan a lo largo de los senderos más atractivos y, en sus distintos descansos te permiten estacionar y disfrutar de una caminata. El acceso es libre y gratuito y el parque está abierto desde las 8 de la mañana hasta una hora antes del anochecer (en invierno anochece a las 17.30).
Hay rutas para disfrutarlo en bicicleta y caminando, aunque no es recomendable hacerlo en el verano por el intenso calor.


Mejor época para visitar: si se quiere vivir una experiencia diferente, el mejor momento es a mediados de septiembre cuando se realiza El Paso, fiesta tradicional que se celebra desde la Edad Media en la cual decenas de miles de ovejas acompañadas de sus pastores bajan de los valles pirenaicos de Roncal y Salazar para aprovechar el pasto bardenero en los meses de otoño e invierno.

2. FUENTE DÉ, CANTABRIA

En pleno corazón de los Picos de Europa hay un teleférico que en 3 minutos y 40 segundos asciende a 1823 metros sobre el nivel del mar, evitando así un ascenso por la montaña de 753 metros. El precio ida y vuelta es un tanto costoso (17 euros por persona ida y vuelta), pero las vistas desde lo alto justifican esa inversión. Y no sólo se puede disfrutar de un paisaje montañoso desde los distintos miradores sino que también se puede pasar el día entero recorriendo los senderos allí en lo alto, que, a principios de la primavera, cuando aún persiste la nieve invernal, son una delicia.

Una buena opción, que nosotros no hicimos ya que íbamos con nuestro hijo pequeño, es ascender en el teleférico y descender a pie por la Ruta Puertos de Aliva que lleva desde la estación superior hasta Fuente Dé, donde parte el teleférico. El precio del teleférico sólo subida es de 11 euros por persona, y el descenso a pie es de dificultad baja, apta para cualquier persona sin necesidad de tener preparación en caminos de montaña.


A no perderse: Una gran opción para completar el día es visitar el pueblo cercano de Potes, típico pueblo cantábrico con un entorno natural maravilloso.

 3. SAN JUAN DE GAZTELUGATXE. PAÍS VASCO

En la provincia vasca de Vizcaya y rodeada por el Mar Cantábrico, se eleva esta ermita sobre un islote de 79 metros de altura. Las olas golpean fuerte debajo y en lo alto se oyen tres campanadas que hacen eco en las montañas. Ahora de moda gracias a la serie Game of Thrones, esta joya de la costa vasca era hasta hace poco un sitio muchas veces pasado de largo en la típica ruta por Vitoria, Bilbao y San Sebastián. Son 241 peldaños los que hay que subir desde la base hasta lo alto del islote, pero las vistas hacia la infinidad del mar valen cada paso.
La ermita no es la original ya que, luego de decenas de batallas, incendios y ataques de corsarios (Francis Drake saqueó la ermita en 1596 y arrojó al ermitaño desde el acantilado), fue demolida por completo en 1886 y reconstruida. Pero es un sitio plagado de historia, desde su uso defensivo contra Alfonso XI, Rey de Castilla, por los señores de Bizkaia, hasta su supuesto uso como calabozo para los acusados de brujería durante la Inquisición.
San Juan de Gaztelugatxe (“castillo de roca” o “castillo áspero” en euskera) está a apenas 35 kilómetros de Bilbao, y la mejor opción es ir en auto. Pero no se puede acceder hasta la base por lo que hay que dejarlo a un kilómetro de distancia, cerca de la carretera principal.
El islote está abierto las 24 horas. La ermita sin embargo tiene horarios muy acotados en días particulares por lo que si se la quiere visitar es mejor consultar su apertura en la Oficina de Turismo de Bermeo, a 9 kilómetros de distancia.

Sabías que: Según la leyenda, si al llegar a la cima del islote pides un deseo y tocas tres veces la campana de la ermita, tu deseo se cumplirá.

 4. FOZ DE LUMBIER. NAVARRA

Son apenas 1300 metros de recorrido a lo largo de una Vía Verde llana apta para todos. Pero a lo largo de ese trayecto discurre un paisaje de escarpados acantilados ocre enfrentados entre sí, coronados por el verde intenso de la vegetación. En lo alto vuelan los buitres leonados, pero no dos o tres, sino decenas que pasan por nuestras cabezas. Y allí abajo, las aguas claras del río Irati que tallan una garganta maravillosa entre las dos paredes rocosas.
Es casi un kilómetro y medio que podría hacerse en quince minutos pero que nos puede tomar toda una tarde porque cada dos pasos hay un motivo para detenerse. Y se pasa por debajo de dos extensas cuevas, por donde pasaba el primer tren eléctrico de España, el “Irati”, que unía Pamplona con Sangüesa y que dejó de funcionar en 1955.
Si se visita en verano, durante los meses cálidos del año, el río es perfectamente apto para el nado y le agrega un interés mayor a la visita.


Ver también: la Foz de Arbayún, de acceso más complicado pero con un mirador que regala una vista de ojo de pájaro inigualable de la Foz: el mirador de Iso.

5. REFUGIO DE VERDES. GALICIA

Nos animamos a decir que si no sos de Galicia es muy raro que conozcas este sitio, a menos que seas un viajero muy interesado en los lugares fuera del circuito turístico. Pero sin dudas es uno de los parajes más hermosos en los que tuvimos la suerte de estar.
El río Anllóns en su paso por la parroquia de Verdes, en el concello de Coristanco, pasa por un monte de 151 metros de altura y comienza a dibujar cascadas y rápidos que fluyen entre pequeños islotes unidos por puentes de madera. Originalmente era un coto de pesca pero luego se comenzaron a construir molinos para aprovechar la velocidad del río y hoy pueden disfrutarse doce de ellos, algunos incluso en su estado original.
Si se quiere disfrutar de plena tranquilidad lo ideal es visitarlo en días de semana cuando el lugar se encuentra más vacío. De todos modos los fines de semana el ambiente es muy agradable ya que los lugareños se reúnen a preparar barbacoas en las parrillas dispuestas a lo largo de los senderos.
Es un lugar ideal para ir con perros ya que los senderos al borde del río son muy fáciles de recorrer.
Nada mejor que el sonido de las cascadas y de los rápidos para desconectarse de la ciudad.


Cómo llegar: el Refugio de Verdes está a apenas media hora de la ciudad portuaria de La Coruña, a mitad de camino hacia el Cabo Finisterre, por lo que se transforma en una parada ideal si se piensa ir hasta el “cabo del fin del mundo”.

 

Como dijimos al principio, elegir esta lista fue complicada ya que los parajes naturales en España son infinitos y hermosos todos. Pero por algo se empieza. Así que te animamos a comenzar con estos cinco.

 

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Written by Pie & Pata
Feliz es quien disfruta viajar en familia.