Arcos de la Frontera

Del otro lado del lago, el pueblo blanco se erige en un montículo conformado por casas que se amontonan unas sobre otras. La vista desde aquí es privilegiada y el atardecer refleja la silueta de Arcos de la Frontera sobre el agua.
Estamos del otro lado, a metros de la casa de Keka, quien nos recibió esa noche que pasamos en el municipio andaluz. Al entrar por el portón nos recibe un gran jardín y la casa, lógicamente blanca, separa ese frente del jardín trasero, aún más grande que el de entrada. Allí una inmensa piscina que en verano debe ser el centro de atención de la casa.

Es invierno aún y el jardín no está en flor, pero promete, y mucho. La casa por dentro tiene un gran sentido estético y un hermoso gusto por la decoración. La cocina es amplia y completa, como así también la habitación y baño privado.

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Written by Pie & Pata
Feliz es quien disfruta viajar en familia.