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Cuando uno piensa en un primer viaje a Europa, son casi siempre las mismas ciudades que vienen a la mente: París, Roma, Londres, Madrid, Barcelona… Y no estaríamos errados. Son sin duda ciudades maravillosas e inolvidables para quien las visita por primera vez y deberían ser visitadas al menos una vez en la vida (o muchas). Pero si uno se anima a dejar al “turista” de lado y a ponerse el traje de “viajero”, puede llegar a descubrir rincones extraordinarios fuera del típico circuito europeo (aunque cada vez es más difícil encontrarlos), como es el caso de este itinerario de 20 días por los increíbles paisajes y pueblos de Eslovenia, Croacia y Montenegro.

ESLOVENIA

Empecemos por uno de los países más bellos y más pasados por alto de Europa: Eslovenia. Es un país de diversidades: en sus escasos 20.273 kilómetros cuadrados, que representan apenas el 0,004 % de la superficie terrestre, cuenta con más de 24.000 especies de animales y es el tercer país con mayor densidad forestal de Europa, con casi el 60% de su territorio cubierto de verde. Y al estar situado en una encrucijada de países (Italia, Hungría, Austria y Croacia) sus influencias, cultura y dialectos son muy diversos. ¿Cómo decidir entonces qué visitar y cuánto tiempo ir? Les propongo un recorrido de ser posible, en auto, que siempre nos permitirá descubrir rincones de otra forma inaccesibles. Pero antes una aclaración: para conducir en Eslovenia, es necesario contar con una calcomanía que se pega en el auto y que te habilita para recorrer el país. Esta calcomanía se puede conseguir en cualquier gasolinera cercana a la frontera o dentro de Eslovenia (la calcomanía válida para una semana tiene un valor de 15 euros). Para mayor información al respecto, les dejo este link oficial (no se arriesguen a viajar sin la calcomanía porque las multas son muy fuertes): https://www.slovenia.info/es/planifica-tu-viaje/desplazarse-por-eslovenia/a-eslovenia-en-coche

Día 1: LJUBLJANA            

La difícil de pronunciar capital eslovena (hasta saber que la J se pronuncia como “i latina”), es una ciudad muy amigable para recorrer a pie. Tiene de pequeña lo que tiene de bella, sobretodo en épocas de buenas temperaturas cuando las calles se llenan de gente que sale a tomar una cerveza en las terrazas de los bares del centro. Si la visitan entre mediados de marzo y octubre, y tienen la suerte de llegar un viernes, podrán disfrutar de la feria gastronómica “Open Kitchen”, un festival para el paladar al aire libre en donde degustar la exquisita comida eslovena e internacional a manos de los más prestigiosos chefs del país.

Aquí el auto no es necesario. Ljubljana es pequeña y en un día puede ser recorrida perfectamente. Tanto a pie, atravesando sus hermosos puentes como el de los Dragones o el Puente Triple, o visitando su castillo del Siglo XV, como en bote, atravesando el río Ljubljanica, disfrutando desde el agua de la arquitectura principalmente barroca de la ciudad. Por mi parte, siempre recomiendo no seguir un itinerario específico en las ciudades, sino más bien caminar sin rumbo, perdiéndose en las calles. Es la mejor manera para descubrir rincones fuera del circuito turístico que muchas veces son más inolvidables que los que aparecen en las guías.

DÍA 2: EL LAGO BLED Y LA GARGANTA DE VINTGAR

Ahora sí, a encender el motor del auto. A tan sólo media hora de Ljubljana, y tras haber parado a tomar un café en el pintoresco pueblo de Radovljica, se llega a uno de los parajes más idílicos de Eslovenia: el Lago Bled. Recuerdo haber leído un párrafo en un libro de viajes en tren por Europa que me convenció de que tenía que ir allí. El párrafo decía: “Un lago color esmeralda, reflejando el verde de las montañas de los Alpes Julianos, y en el medio, una isla, y en la isla, una iglesia, y su campana que resuena en el silencio del reciente amanecer”. Y la ficción, en este caso, se asemeja a la realidad.


El lago glaciar de Bled es el corazón de la ciudad y es un placer recorrer sus aguas ya sea en las tradicionales barcas Pletna, navegadas por el “Pletnarstvo”, o en botes a remo que requieren un pequeño esfuerzo que realmente vale la pena. Con estas embarcaciones se puede llegar a la isla y visitar su iglesia barroca del siglo XVII (la original era de muchos siglos atrás pero tuvo que ser renovada varias veces debido a terremotos), en la cual se encuentra la famosa campana de la suerte, consagrada por el Papa Clemente VII, que dice cumplir el deseo a quien la haga sonar tres veces (aunque el origen de la campana es un poco más trágico: cuenta la leyenda que la viuda Poliksena, quien vivía en el Castillo de Bled en el siglo XVI, mandó a hacer una campana en honor a su difunto marido para transportarla a la iglesia de la isla. Pero durante el traslado, una fuerte tormenta hundió el barco que la transportaba, llevando a la muerte a todos sus tripulantes y quedando en el fondo del mar. Tras este incidente, se fue a vivir a Roma en donde se hizo monja. El Papa Clemente VII, al oír su triste historia, envió a hacer una réplica de la campana que es la que hoy se encuentra en lo alto de la iglesia).
Una visita al castillo de Bled es una gran opción para disfrutar de las mejores vistas del lago y alrededores.

Por la tarde no pueden perderse uno de los lugares más espectaculares del país: La Garganta de Vintgar, a sólo 4 kilómetros de Bled. Parte del Parque Nacional de Triglav, esta garganta de aguas turquesas nos permite pasear a lo largo de un sendero de 1600 metros entre paredes de roca hasta llegar a una espectacular cascada.

Opción más agreste: Si lo que más les gusta es evitar lo más turístico de cada región, entonces les recomiendo visitar el Lago Bohinj en lugar del de Bled (o hacer ambos si se animan a un día agitado). Este lago es más agreste y menos preparado turísticamente que el de Bled, pero es igual de espectacular.

DÍA 3: LOGARSKA DOLINA

En nuestro último día de la primera etapa en Eslovenia (ya regresaremos por el sur del país en nuestro regreso a la capital), visitaremos un valle idílico de montañas, lagos, cascadas, cuevas y bosques. Estamos hablando de Logarska Dolina, un sitio que invita a pasar varios días, pero en nuestro acotado itinerario, deberemos conformarnos con una pequeña visita (que nos dará ganas de regresar). Desde Bled se puede ir por el interior del país, pero yo les recomiendo que lo hagan atravesando la frontera con Austria (se sale de Eslovenia para ingresar a Austria y luego se vuelve a ingresar). Se tarda exactamente lo mismo (alrededor de una hora y media) pero los paisajes de las fronteras son inolvidables. De Logarska Dolina no les contaré más. Voy a dejar que estas imágenes hablen por sí solas.

DÍAS 4 y 5: ZAGREB

Tras dejar atrás los 200 kilómetros que nos separan de Logarska Dolina, última parada de la primera etapa del viaje por Eslovenia, llegamos a Zagreb, la capital croata y la ciudad más grande del país. Muchos la pasan de largo y se dirigen directamente al sur, a las islas o a la amurallada Dubrovnik. Pero les recomiendo que se detengan dos días en esta ciudad de aires austrohúngaros y repleta de jardines y museos, como el Museo de las Relaciones Rotas en donde uno puede recorrer a manera de obra literaria salas blancas inmaculadas repletas de objetos de todas partes del mundo que cuentan cada una, una historia de desamor diferente. El museo queda en la parte alta de la ciudad, quizás la parte más reconocida con los edificios más antiguos y emblemáticos de Zagreb como el Parlamento de estilo neoclásico o la Iglesia de San Marcos del Siglo XIII (sólo visitable durante las misas). Lo más recomendable es subir a la Torre de Lotrscak desde donde se obtiene la mejor panorámica de la ciudad, y luego descender a la parte baja mediante el funicular, uno de los más cortos del mundo (66 metros de recorrido) y el medio de transporte más antiguo de Zagreb (funcionando desde 1893).

En la parte media de Zagreb, conocida como Kaptol, encontraremos la plaza de Trg Josipa Jelacica, el centro neurálgico de la ciudad y donde todos los croatas se reúnen a tomar el clásico café, y cerca del famoso mercado de Dolac, otro imperdible de la ciudad.

En la parte baja es donde podemos pasar nuestro segundo día, entre edificios de reminiscencia austríaca como el Teatro Nacional de Croacia, y grandes y vistosos hoteles art deco como el Esplanade, antigua parada del Oriental Express en su travesía hacia Estambul. Sólo imaginar a esos viajeros descendiendo del lujoso tren hacia su salón esmeralda nos hace viajar hacia otros tiempos. Podemos terminar nuestro día visitando el hermoso jardín botánico de 50.000 metros cuadrados y más de 10.000 especies de plantas.

DÍA 6: PARQUE NACIONAL DE LOS LAGOS DE PLITVICE Y ZADAR

Una visita a Croacia sin pasar por el Parque Plitvice sería una ofensa para el viajero. Este parque, declarado Nacional en 1949 e incorporado en el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1979, es un inmenso bosque de hayas, abetos y pinos, que enamora con sus más de 20 lagos turquesas interconectados y sus casi 100 cascadas, las cuales pueden disfrutarse de cerca a lo largo de los caminos de madera que los recorren. Vale la pena una visita en cualquier época del año ya que el parque adquiere una belleza única en cada una de las cuatro estaciones. Plitvice se divide en los Lagos Superiores y los Inferiores, conectados mediante un paseo en barco, incluido en el precio de la entrada, a través del lago Kozjak. Son los inferiores los que ofrecen la mayor belleza, con su color turquesa y la cascada más grande de Croacia: la Veliki Slap, o “Gran Cascada”. Pero ambos merecen la visita, por lo que les recomiendo comenzar el día temprano.

Para terminar la jornada de la mejor manera, tras haber recorrido uno de los parajes naturales más bellos de Europa, nada mejor que contemplar “el mejor atardecer del mundo”, según dijo Alfred Hitchcock mientras tomaba un café en la costa del Adriático, en Zadar, nuestro próximo destino. Y qué mejor que hacerlo que mientras escuchamos la música proveniente del Órgano del Mar, un instrumento experimental que produce música cuando las olas del mar ingresan a sus tubos situados bajo un gran conjunto de escalones de mármol.

DÍA 7: SPLIT

Una hora y media separan a Zadar de la segunda ciudad más grande de Croacia y principal ciudad de la región Dálmata: Split. Este importante puerto pesquero y base naval del Adriático cuenta con un centro histórico que es una joya europea y parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1979. Caminar por allí es trasladarse a tiempos del Imperio Romano. El Palacio de Diocleciano, construido entre los siglos III y IV es una maravilla arquitectónica difícil de olvidar por su fantástico estado de conservación, y es el corazón de la ciudad de Split, que se recorre fácil y rápido.

Otro sitio hermoso para caminar es el parque Marjan, un pulmón verde en la costa de la ciudad desde donde se pueden obtener unas vistas maravillosas de la ciudad y el mar.

DÍA 8 Y 9: ISLA DE HVAR

Desde Split parten diariamente barcos hacia las distintas islas de Croacia. Nosotros elegimos la isla de Hvar, pero los invito a que investiguen también acerca de otras islas como Korçula, o Braç, o Mijet, para que elijan la que más les llame la atención. Desde ya que lo ideal sería conocerlas todas, pero en un itinerario de 20 días por tres países como Eslovenia, Croacia y Montenegro, hay que ser realistas.

El paseo en barco a la isla de Hvar ya es un disfrute de por sí solo. El simple hecho de dejar el auto (que puede subirse al barco, y eso es lo que recomiendo para poder disfrutar al máximo de la Isla de Hvar) nos predispone a sentarnos en la cubierta del barco y deleitarnos con el paisaje en un viaje de dos horas desde el puerto de Split hacia Stari Grad, la capital de la isla. Para más información acerca del ferry, visiten la web oficial: http://www.jadrolinija.hr/en/ferry-croatia.

Les recomiendo que una vez allí, y tras subirse nuevamente al auto, no sigan un itinerario fijo en estos dos días sino que se dejen llevar por los caminos para descubrir los rincones de esta isla con hermosos pueblos, caminos montañosos, playas de piedra con mar cristalino y un paisaje que poco y nada ha cambiado desde sus primeros asentamientos griegos.

DÍAS 10 Y 11: DUBROVNIK

La mejor opción para llegar a Dubrovnik desde la isla de Hvar, es ir hasta el pueblo costero de Suçuraj, al sudeste de la isla, y tomar el ferry hacia Drvenik. El trayecto es más corto que a Split y nos deja a 120 kilómetros de una de las ciudades más hermosas del país. Conocida como “La Perla del Adriático”, Dubrovnik es uno de los lugares más imperdibles de Croacia. El 6 de diciembre de 1991 la ciudad amurallada sufrió una devastación tras el ataque por parte del ejército durante la Guerra del Golfo. Pero hoy, a pesar de que las heridas siguen abiertas, Dubrovnik reboza de colores. Es una visita obligada el recorrido a través de esas murallas que la circundan. Desde allí se obtienen las mejores panorámicas de la ciudad y su bello entorno natural.

La ciudad amurallada se recorre perfectamente en un día, por lo que podemos aprovechar nuestra segunda jornada en la ciudad para disfrutar de sus hermosas playas o visitar la vecina isla de Lokrum (a 600 metros del puerto) y su Parque Natural. La isla estuvo deshabitada hasta el año 1023, cuando un grupo de monjes benedictinos fundaron una abadía en búsqueda de un remanso de paz en donde orar y realizar sus trabajos de jardinería. A partir de allí surgió la larga tradición botánica de la isla y hoy en día se puede disfrutar de su maravilloso jardín. En la isla no hay edificaciones más allá del Monasterio benedictino de estilo románico. Pero sus parajes naturales, como el Mar Muerto, un lago salado de 10 metros de profundidad, o el Monte Glavica, a 96 metros de altura, desde donde disfrutar de unas incomparables vistas de la ciudad de Dubrovnik y las islas vecinas, hacen la visita casi obligada. Los barcos a la isla de Lokrum parten desde el viejo puerto de Dubrovnik, y al no haber hoteles en la isla, hay que regresar antes del último barco, así que a no quedarse dormido en la orilla.

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