10 DÍAS EN PORTUGAL

Querer recorrer un país en 10 días es una misión casi imposible, más cuando se trata de un país tan variado y con tanta riqueza histórica, natural y cultural como Portugal. Pero si no tenés mucho tiempo para la escapada y estás con ganas de conocer el país luso, te proponemos este itinerario de diez días para que al menos puedas irte con la sensación de haber descubierto la primera hoja y quieras regresar a leer el libro completo. Nosotros fuimos en coche desde Madrid y fue un recorrido muy rápido hasta la frontera. Este es nuestro itinerario recomendado.

DÍA 1 Y 2: OPORTO

Habíamos oído a mucha gente decirnos que Oporto les había gustado más que Lisboa. Y tenemos que admitir que a nosotros nos causó la misma sensación (aunque entraremos en detalles de la capital portuguesa más adelante). Oporto se nos develó ante nosotros como una muy grata sorpresa. Una ciudad que a primera vista parece un tanto deteriorada por el paso del tiempo, algo descuidada, pero es en ese desgaste estético en donde reside su mayor encanto. Tras un par de horas recorriendo sus calles lo que antes eran paredes rotas ahora son el perfecto canvas para las más hermosas obras de arte urbano. A cada paso un grafitti, pero no una simple palabra garabateada con aerosol. No. Oporto destila arte urbano del de alto nivel en cada esquina. Y ese arte se agradece, porque viste lo que pudiera ser una ciudad opaca y la dota de una luz radiante que atrapa al viajero. Esas paredes que podrían ser tristes tienen ahora una razón de ser.

Oporto es una ciudad fácil de recorrer a pie. Si no se tiene apuro, no es necesario un transporte público. Yendo hacia el río Duero, nombre que quizás te suene por los típicos vinos de la región, la primera parada que llama la atención es la hermosa Plaza de la Libertad, con el Ayuntamiento de fondo. Esta plaza es el centro que divide el Oporto antiguo del moderno, y es desde ella donde parte la Avenida de los Aliados, llena de edificios de estilo modernista.

Cerca de allí se encuentra el histórico café Majestic, obra representativa de la belle époque de los años 20. Es una preciosura admirar su arquitectura, pero no es apta para el bolsillo ya que los precios son acordes a la alta demanda que hace fila para ingresar. Sin embargo, si se cuenta con un extra, vale la pena tomar algo en un café que fue declarado Patrimonio Cultural en 1983 (luego de una muy fuerte restauración para devolverle su esplendor tras casi dos décadas de abandono) y que fue, según dicen, lugar en donde nació Harry Potter en las manos de JK Rowling, quien vivió en Oporto por dos años (aunque es difícil de creer ya que JK Rowling estaba en la ruina económica en ese entonces y el Café Majestic era, y sigue siendo, uno de los lugares más caros de la ciudad). Muy cerca de la plaza también podemos visitar la estación de trenes San Bento para disfrutar de la historia de Portugal representada en más de 20.000 azulejos.

Ahora sí, sin dudas, la parte más agradable de la ciudad y por la cual nos hemos enamorado: la ribera del Duero. Allí, entre mesas de bares, a orillas del río, mientras el sol cae y se escuchan varios músicos de fondo, es el sitio ideal para tomarse un descanso y una copa. Las casas de colores detrás, la gente desfilando ante nosotros, y ese aire de agua, son lo que es Oporto: una gran ciudad que parece vivir a un ritmo relajado. Al menos esa es la sensación que uno tiene como viajero; tal vez un portugués que vive allí nos diga que estamos locos.

Una vez descansadas las piernas y recuperadas las fuerzas, y una vez superada esa modorra post copa de vino con el sol en el rostro, nada mejor que cruzar el puente de Luis I para llegar al otro lado del río y, volver a la parte alta de la ciudad mediante un hermoso paseo en funicular con una vista inigualable del atardecer sobre las casas de la ribera.

Dos días, más que ideales, son necesarios para disfrutar de esta ciudad. Podríamos estar más tiempo disfrutándola, pero en este itinerario de diez días no sería posible.

 

DÍA 3: AVEIRO Y COIMBRA

75 kilómetros separan la ciudad de Oporto de lo que bien podría conocerse como la Venecia portuguesa, salvando las distancias con la inigualable urbe italiana. Aveiro puede recorrerse tranquilamente en una mañana ya que lo más pintoresco se encuentra a orillas de la ría que la atraviesa y dibuja canales en medio de la ciudad. La ría de Aveiro no es más que las aguas del Océano Atlántico que a diferencia de lo que se puede llegar a pensar, no entra al continente sino que justamente se retira, dando origen así a las rías. A lo largo de los canales, las casas se suceden en varias formas y colores.

Coímbra es la ciudad universitaria por excelencia en el país. La Universidad de Coimbra, en lo más alto de la ciudad, con unas vistas privilegiadas de todo el entorno, fue fundada en el año 1290, aunque fue trasladada a Coímbra recién en el 1308, al Palacio de Alcáçova. En el 2013, su campus fue introducido dentro de los sitios Patrimonio de la Humanidad. Entre sus estudiantes históricos se destaca Egas Moniz, Premio Nobel de Medicina en 1949, y seis futuros Presidentes de la República Portuguesa. Hacia la universidad nos dirigimos luego de recorrer la hermosa parte inferior de la ciudad. No es recomendado hacerlo como lo hicimos nosotros: con el cochecito de nuestro hijo. Pero lo hicimos y sobrevivimos, así que si se animan, la visita vale la pena.

Coímbra, así como varias de las ciudades portuguesas, está construida para trabajar las piernas. Calles algo empinadas, calles muy empinadas, y calles que parecen paredes un poco inclinadas. Y también, como toda gran ciudad de Portugal, es hermosamente decadente. Decadente en el sentido más poético de la palabra, porque no molesta que una pared esté despintada, o que un adoquín esté fuera de su lugar en el suelo. Al contrario, le da ese “no sé qué” a la ciudad portuguesa. Lo que sí nos planteamos mientras subíamos el eterno zigzagueo de las calles adoquinadas hacia la Universidad era que había que tener muchas ganas de estudiar y hacer una carrera universitaria para levantarse todas las mañanas de invierno, y mientras el frío y la oscuridad matutina -que siempre es más difícil de digerir que la de la noche- invadían el cuerpo, dirigirse hacia allí arriba, día tras día, paso a paso, adoquín por adoquín.

DÍA 4: ÓBIDOS Y LISBOA

A medio camino entre Coímbra y Lisboa se encuentra uno de los pueblos más bonitos de Portugal: Óbidos. Casas blancas y azules, con rojos tejados. Plantas sobresaliendo de los muros, enredándose en los caminos de adoquines. Flores rojas y amarillas, violetas, naranjas. Licores de cereza en pequeñas vasijas de chocolate. Una muralla y al fondo un castillo. Óbidos tiene todo para ser uno de esos rincones mágicos en el mundo. Pero tiene una cosa de más: las masas de turistas invadiendo su pequeña calle principal, con esa sucesión de locales turísticos que hacen que Óbidos se parezca a Toledo, a Carcassonne, y a cada pueblito que de tan mágico y único pasó a ser una casilla más dentro del itinerario veloz del turista. Y así nos sentimos, como no nos gusta. Nos sentimos turistas en un pueblo que merece mucho más que eso. Porque Óbidos es maravilloso. Rodeado de colinas verdes y casas blancas como las nubes.

Pero aún hay esperanzas. Aún hay Óbidos a primera hora de la mañana, o a última hora del día. Cuando aún no se escuchan los autobuses llegando, o cuando por suerte ya se fueron. Y con esto no queremos decir que el turismo es malo. Al contrario. Muchos de estos pueblos viven su esplendor gracias al turismo. Pero habría que buscar la manera de encontrar un equilibrio para preservar la belleza innata y real de estos sitios tan maravillosos como lo es Óbidos.

Resumiendo en pocas palabras: si pueden despertarse muy temprano y llegar a Óbidos para las 7 u 8 de la mañana, seguramente descubrirán un mundo totalmente diferente. Descubrirán el verdadero pueblo portugués.

A poco más de 80 kilómetros se encuentra la maravillosa capital portuguesa, y allí pasaremos los siguientes dos días. Lisboa, la ciudad de las siete colinas, de los hermosos miradores, del fado, del tranvía de más de 100 años de antigüedad.

Son muchos los lugares que disfrutar en esta ciudad: la parte baja, o Baixa, rodeada por las colinas, centro neurálgico de la ciudad, con sus calles rectas en forma de cuadrícula (esta distribución urbanística fue desarrollada en el Siglo XVIII por el Marqués de Pombal según los estándares de la época tras un fuerte terremoto que devastó la ciudad), y su desembocadura en el río Tajo a través de la hermosa Plaza del Comercio.

Desde allí podemos partir hacia el barrio más famoso de Portugal: Alfama, con su infinidad de bares y restaurantes, y su identidad como el barrio “escencia” de Lisboa. Allí nació el Fado y es por sus calles empinadas y adoquinadas que pasea hace un siglo el tranvía 28, atravesando el barrio y sus casas despintadas y desconchadas. Es aquí en donde podremos visitar el Panteón Nacional, el Castillo de San Jorge, el Jardín Botto Machado o tomar algo disfrutando la maravillosa vista desde el Mirador das Portas do Sol.

 

Lisboa es para disfrutarla de a poco, desde su infinidad de miradores, descubriendo sus diversos barrios que poco y nada tienen en común uno con otro. No es una ciudad fácil de caminar debido a sus fuertes inclinaciones, por eso no hay nada mejor que recorrerla desde las ventanas de su tranvía.

DÍA 5: LISBOA/BELEM

Este día lo dedicaremos a visitar uno de los barrios imprescindibles de Lisboa: Belem, hogar de dos de las obras arquitectónicas más representativas del estilo manuelino portugués: el Monasterior de los Jerónimos y la Torre de Belem. Este estilo, una variación del gótico y el mudéjar, se desarrolló a fines del siglo XV y se caracteriza por una sistematización de motivos iconográficos propios, de gran porte, simbolizando el poder regio.

El Monasterio de los Jerónimos es lo primero que vemos tras descender de las varias opciones de transporte que tenemos desde el centro de Lisboa (tranvía, tren y autobús). Esta maravilla fue inaugurada en el año 1501 durante el reinado de Manuel I de Portugal, para conmemorar el exitoso regreso del navegante Vasco da Gama de su viaje a la India. Fue erigido sobre las bases de la Ermita do Restelo, lugar donde Vasco da Gama y su tripulación pasaron su última noche previa a partir en su expedición rezándole a la Vírgen. Y ahora, varios siglos después, descansa en su tumba, en el propio Monasterio.

Fue diseñado por el arquitecto Juan de Castillo. Su maravilloso exterior compite con su impactante interior: una sola nave de 29 metros por 19, sin sostenes centrales.

La otra maravilla arquitectónica de Belem es su famosa torre. Originalmente utilizada como torre de vigilancia militar, luego como prisión, faro y hasta como centro de recaudación de impuestos para ingresar a la ciudad, es ahora un monumento histórico que parece flotar en el agua. Fue construida en el año 1516 bajo las órdenes del Rey Manuel I de Portugal. Está conformada por una torre y un baluarte, y es un sitio ideal para disfrutar de un hermoso atardecer junto al río Tajo.

Cerca de allí se encuentra el Monumento a los Descubrimientos, construido en conmemoración de los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante, y como un homenaje a todos aquellos navegantes portugueses que partieron en sus históricas expediciones hacia tierras para ellos desconocidas.

DÍA 6: SINTRA

A esta jornada, tomada como una escapada desde Lisboa, se le puede agregar Cascais y el Cabo da Roca, pero nosotros, con un hijo pequeño y una perra, decidimos acotar la jornada y visitar solamente la hermosa ciudad de Sintra. A tan sólo media hora en coche desde Lisboa se descubre ante nuestros ojos esta preciosura de lugar. Antes que nada una aclaración: encontrar lugar para aparcar se hace muy difícil en temporada alta, por lo que recomendamos ir bien temprano. Lo ideal es dejar el coche en la parte baja de la ciudad y ascender luego al Palacio da Pena en transporte público, ya sea en autobús, taxi o en el famoso tuk tuk (si vas con niños pequeños, la opción del tuk tuk no será posible ya que legalmente no pueden transportar bebés. Y si vas con perros la opción del autobús o del taxi no será posible. Por lo tanto para nosotros fue imposible subir en transporte público ya que íbamos con ambos, y no había combinación válida, por lo que tuvimos que ascender con nuestro coche más hacia el atardecer cuando hubiera menos coches estacionados arriba. Finalmente resultó un gran acierto).

La ciudad de Sintra es muy pequeña y agradable para recorrer a pie durante la primera parte del día. Sus callejuelas estrechas y adoquinadas y su entorno de frondozas colinas verdes son un gran respiro natural luego de dos jornadas en la capital portuguesa. Las visitas obligadas son el Castillo de los Moros, en lo alto de una colina, desde donde se obtienen estupendas vistas hacia Sintra; el Palacio Nacional y Quinta da Regaleira; y, lo que para nosotros fue lo más especial: el mágico Palacio da Pena.

Este palacio fue construido en el siglo XIX como residencia real y es una increíble mezcla de estilos arquitectónicos que van desde el mozárabe hasta el gótico, transformándolo en una de las máximas expresiones del estilo romántico. Su construcción fue ordenada por el Rey Fernando II de Portugal como un obsequio para su esposa, Maria II de Portugal, sobre las ruinas de lo que fuera un antiguo Monasterio de la orden de los Jerónimos, devastado durante un fuerte terremoto en el siglo XVIII. Es un lugar muy exótico y exuberante. Da la sensación de ser ficticio. Sus colores en tono pastel que van desde el amarillo hasta el azul, pasando por todas las tonalidades rojas, contrasta con la majestuosidad verde de su entorno y su hermoso jardín inglés, que puede recorrerse a pie desde la entrada del recinto hasta la puerta del palacio. Es sin dudas un lugar para perderse por unas horas, disfrutando de cada detalle arquitectónico como el maravilloso Ventanal de Tritón, alegoría de la creación del mundo.

DÍA 7, 8 y 9: EL ALGARVE PORTUGUÉS

Muchos pasan por alto esta región portuguesa durante una primera visita al país. Y nada sería más erróneo. Esta región es un verdadero goce para los amantes de los pueblos costeros y de las playas paradisíacas. Más allá de su gran afluencia turística, el Algarve no deja de ser una región indispendable para completar un viaje por Portugal. Tres días no son suficientes para disfrutarlo, pero sin dudas nos va a dejar con ganas de volver, y eso siempre es bueno.

No vamos a dividir día por día esta parte del itinerario ya que el Algarve es una región para disfrutarla de la manera que más te guste. Puedes pasar los tres días recorriendo sus hermosos pueblos: desde los archiconocidos pueblos de Faro, Albufeira, Lagos y Tavira, hasta los más pequeños y tranquilos como Carvoeiro, Salema u Olhao. O también puedes pasar tres días relajándote en sus playas de aguas cristalinas y altos acantilados. Nuestras favoritas fueron Praia da Marinha, Praia da Albandeira y Praia Carvalho. Vayas donde vayas, no puedes fallar en esta hermosa región. Así que mejor te dejamos algunas imágenes para que las disfrutes.

DÍA 10: ÉVORA

Para nuestro última día reservamos una de las ciudades más bonitas del país y no tan alejada de la frontera española: Évora. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es una tranquila ciudad alentejana, con sus típicas casas bajas en donde predominan el blanco y el amarillo. Caminando por sus calles se puede descubrir su pasado como ciudad del Imperio romano: las ruinas del templo romano del siglo I son únicas en cuanto a su conservación en todo Portugal. También pueden observarse algunos restos de la Muralla Antigua y de las Termas Romanas. Son muchos los estilos que se suceden en sus calles, desde la impresionante catedral gótica del siglo XIII, hasta la típica arquitectura portuguesa de sus casas bajas.

Évora está considerada como ciudad-museo, y al recorrerla se puede entender el motivo. Su esplendor lo alcanzó en el siglo XV cuando se convirtió en residencia de los reyes de Portugal. Su riqueza arquitectónica es única y el hecho de ser una ciudad pequeña, hace que recorrerla a pie sea un placer.

Diez días en Portugal es sin duda muy poco. Pero si no se cuenta con más tiempo, este es un itinerario que se puede hacer para al menos, irse con una idea de lo que el país tiene para ofrecer.

 

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Written by Pie & Pata
Feliz es quien disfruta viajar en familia.